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7.18.2007

REVOLUCIONAR EL TIEMPO

Cada concepción de la historia va siempre acompañada por una determinada experiencia del tiempo que está implícita en ella, que la condiciona y que precisamente se trata de esclarecer. Del mismo modo, cada cultura es ante todo una determinada experiencia del tiempo y no es posible una nueva cultura sin una modificación de esa experiencia. Por lo tanto, la tarea original de una auténtica revolución ya no es simplemente "cambiar el mundo", sino también y sobre todo "cambiar el tiempo".
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La representación vulgar del tiempo como un continuum puntual y homogéneo ha terminado [...] empalideciendo del concepto marxiano de historia: se ha convertido en la brecha oculta a través de la cual la ideología se introdujo en la ciudadela del materialismo histórico.
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Contrariamente a lo que afirmaba Hegel, sólo como lugar original de la felicidad puede la historia tener un sentido para el hombre. Las siete horas de Adán en el Paraíso son en ese sentido el núcleo originario de toda auténtica experiencia histórica. La historia no es, entonces, como pretende la ideología dominante, el sometimiento del hombre al tiempo lineal continuo, sino su liberación de ese tiempo.
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Un verdadero materialista histórico no es aquel que persigue a lo largo del tiempo lineal infinito un vacuo espejismo de progreso continuo, sino aquél que en todo momento está en condiciones de detener el tiempo porque conserva el recuerdo de que la patria original del hombre es el placer. Tal es el tiempo que se experimenta en las auténticas revoluciones, las cuales, como recuerda Benjamin, siempre fueron vividas como una detención del tiempo y como una interrupción de la cronología; pero una revolución de la cual surgiera no una nueva cronología, sino una transformación cualitativa del tiempo (una cairología) sería la de mayores consecuencias y la única que no podría ser reabsorbida por el reflujo de la restauración. Aquél que en la epokhé del placer recordó la historia como su patria original llevará efectivamente en cada cosa ese recuerdo, exigirá en cada instante esa promesa: ése es el verdadero revolucionario y el verdadero vidente, liberado del tiempo no en el milenio, sino ahora.

—Giorgio Agamben